martes, 23 de julio de 2013

Los horarios en Hospitalia o "Ese reloj se ha vuelto loco!!"

Nada más ingresar en Hospitalia te dan una pulsera parecida a la de los resorts de Todo Incluido, con tu nombre, fecha de nacimiento y número de historia clínica.

Imagino que es para que si en algún momento estás inconsciente, sepan quién eres (y siempre es mejor que poner la etiqueta colgando del dedo gordo del pie) O para que no se te olvide con el paso de los días, que también podría ser.

Con la pulserita tienes derecho, realmente, a casi un Todo Incluido. Pero infinitamente peor.
Es decir:
- Tienes comida (mucha más de la que yo suelo comer, pero sin poder elegirla - dentro del menú que tienes asignado-)
- Tienes reposo. Muuuucho reposo. Tampoco puedes elegirlo, pero tenerlo, lo tienes. Puedes leer, escuchar música, pagar por ver la tele, jugar con el móvil... eso sí, sin salir de la habitación ni moverte de la cama.
- Tienes drogas. Tampoco las puedes elegir, y de hecho es mejor que estés muy al tanto de lo que te dan para evitarte problemas (eso es para otro post)

Bien pensado, más que un Todo Incluido se parece a una cárcel. Porque aquí no hay playa, ni sol, ni mojitos - aunque fueran sin alcohol -

Pero en lo que respecta a la organización de horarios y tareas, ESPECIALMENTE en los que van desde las 6'45 a 9'00 de la mañana, Hospitalia me recuerda mucho a esto:




¿Por qué?

- Entre 6'45 y 7'15 pasa alguien a ponerte el termómetro.

- Alrededor de un cuarto de hora o veinte minutos después, cuando -con suerte- has vuelto a dormirte, pasa alguien a ponerte monitores (30-45 minutos) Y luego a tu compañera de habitación (o a la inversa)

- Sobre las 8'10, alguien pasa a tomarte la tensión (puedes estar con los monitores puestos, pero da igual)

- Cuando parece que vas a poder dormir un poco más hasta el desayuno (a las 9'00), es posible que aparezcan dos auxiliares para hacerte la cama (sobre las 8'20). Sí, esa cama en la que intentas descansar, calentita y amodorrada. Pues ese es el mejor momento para hacerte levantar y hacer la cama. Para que acto seguido, te vuelvas a meter en ella. A pasar el resto del día.

Depende de quien haga estas cosas, se harán con más o menos delicadeza y respeto.
Hay quien enciende las luces y se va sin apagarlas, quien trata de molestar lo menos posible, quien entra saludando a voz en grito y subiendo las persianas de par en par, quien te ve durmiendo y decide posponer la urgentísima tarea de hacer la cama hasta después del desayuno...
La impresión general es que no hay un criterio común, y que depende a quien le toque, hace las cosas como le parece.

La paciente es como el Conejo Blanco y su reloj, y el personal del hospital se convierte en una suerte de Sombrerero Loco y la Liebre: "A los locos hay que tratarlos CON CARIÑO!!"  Y zas, mazazo!

Pues eso. Lo mismo que a las pacientes.

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