viernes, 19 de julio de 2013

Cómo llegué a Hospitalia - 1

Este no fue un embarazo "fácil" desde el principio.

Durante el primer trimestre, dominó la prudencia y la preocupación de saber si saldría adelante o, como en el caso de los dos anteriores, se truncaría antes de las 9 semanas.
Aún así, "disfrutaba" de las sensaciones, de las nauseas, de los cambios, con el miedo de saber que cualquier día podían desaparecer, sin saber por qué.

Cualquier mujer que haya pasado por un aborto involuntario sabe que esa experiencia se lleva toda la alegría inconsciente inicial (esa en la que resulta imposible pensar que algo vaya a salir mal), no solo de ese embarazo sino también de todos los posteriores. Pero eso es tema para otro blog.

La eco de las 12 semanas salió estupenda, pero ay, un marcador del screening del primer trimestre había salido alterado, dando una probabilidad estadística de alto riesgo para Síndrome de Down.

De nuevo el miedo: a consulta de Diagnóstico Prenatal y una biopsia corial programada para la semana 13.
Terror al resultado, terror a la prueba, a la posibilidad de perderlo...
Pero todo fue bien: la biopsia no me causó ningún problema, los resultados salieron negativos y tuvimos la confirmación de que esperábamos una niña.

De la semana 15 a la 20 todo pasó más deprisa, todo iba bien, no tenía nauseas, ni dolores, y nos relajamos.

Pero en la eco de las 20 semanas nos dieron dos noticias: la niña estaba perfecta, pero mi cuello del útero era demasiado corto para esas semanas. en ese momento no sabía cuánto era "demasiado corto", pero mi medida eran 17mm.

A consulta de Alto Riesgo en Hospitalia esa misma semana. Allí confirmaron la medida, y sali de allí con un pesario colocado y la obligación de hacer reposo domiciliario (cama-sofá, paseos por casa, alguna tarea sin esfuerzo...) durante 24 días, hasta la siguiente consulta.

La obligación de parar en ese momento se me hizo insoportable: tenía trabajo que hacer, obligaciones, todo lo tenía que dejar colgado. No poder salir de casa era insufrible.

No sabía entonces cuánto echaría de menos ese "encierro domiciliario".

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